Felicidad y patatas fritas
No sé si alguna vez he realizado yo la pregunta ¿Qué es la felicidad? Creo que no, aunque sí que me la han formluado a mí. Creo que copio la respuesta de alguien, que me dijo que la felicidad son momentos. No sé si pequeños o grandes momentos, pero son momentos. Momentos de vacaciones, seguramente, como figura en la entrada anterior.
Para los niños y adolescentes seguramente la felicidad sea más fácil. El otro día vi un momento de felicidad. En una estación de autobuses de una ciudad castellana, por ejemplo. El autobús era uno de esos que deben cruzar toda la península y que en cuanto paran en una ciudad pequeña para descansar, se ponen como locos los pasajeros para salir del autobús.
La mayoría para fumar o ir al baño. Ella no. Ella podía ser una especie de Betty/Bea la fea. Adolescente, unos catorce o quince años. Espigada y encorvada. Seguramente algún tipo de retraso mental y/o visual. No coordinaba tampoco los andares. Salió sin agarrarse a sus padres. Pudo ser capaz de ir ella sola a la papelera a tirar algo.
Entró en la cafetería con sus padres sin mucho ánimo, con su movimiento característico. Dejé de verla unos cinco minutos y cuando salió parecía otra persona. Su movimiento era más armónico, no dejaba de mover las manos. Parecía distinta.
Suerte que se giró y pude ver su cara y a qué se debía su emoción. En su mano tenía una bolsa pequeña de patatas fritas Lay's, las normales, al punto de sal, que no dejaba de mover con emoción. Seguramente estaba esperando el momento para poder disfrutar de su gran premio, una bolsa de patatas fritas. Subió al autobús mucho más contenta que había bajado. Incluso en el asiento del autobús se veía que estaba feliz con su bolsa de patatas fritas.
Yo también tuve ese momento de felicidad.
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