Perdedores
Los niños son (somos) muy crueles.
No sé si sería un perdedor en el colegio, tal vez sí. Los perdedores, por ejemplo, suspendíamos gimnasia, aunque en el resto de asignaturas nos iba bien. Los perdedores nunca nos metíamos en peleas, no contábamos para fiestas, sólo para guardar revistas porno a otros compañeros que nos daba palo abrir.
Hoy me he encontrado a dos perdedores de mi colegio. Sólo podía ser en un sitio como el Burguer King.
1. ¿A.? Dudo si su nombre era ese. Su hermana mayor tiene el récord de regla precoz, sólo superado por el de mi hermana, en esa extraña competición que tienen las niñas a partir de los ocho años. Él era mal estudiante, muy malo, olía raro, tal vez no se lavara. La leyenda urbana decía que era hijo de una prostituta.
2. Josefa. Perdón por delatar su nombre, ahora que tal vez tenga una nueva identidad. Fue el claro ejemplo de maltrato escolar en el que colaboré, no mucho, eso es verdad. La tal Josefa era fea, una especie de Betty la fea, bigotuda, desarrollada antes de tiempo, voz fea. Lo tenía todo. Creo que se tuvo que cambiar de colegio por las crueldades que desarrollamos con ella. Recuerdo una, subirle la falda en la escalera del colegio. Todo un acontecimiento, creo que hicimos que se cayera por la escalera.
Seguramente estos dos perdedores ahora sean algo más ganadores que el que esto escribe. ¿A.? está ennoviado y está más atractivo que hace tiempo, se le ve cara más de feliz. Josefa ya tiene un churumbel de unos cuatro años, su melena ha mejorado y parece otra.
Mi recuerdo para los perdedores a los que uno se ve incapaz de decirles algo, salvo que sea por escrito en un blog.
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