
Prejuicios, hipocresías y otros elementos jerárquicos del mal.
Uno de los fallos más incomprensibles del sistema estriba en que los doctores, tras conseguir su título después de mil sacrificios, tengan que buscar trabajo o una beca post-doctoral. Lo ideal sería que, automáticamente, apareciera un reconocimiento individualizado para cada estudiante que se doctora. Imaginemos las condiciones: “Se concede beca post-doctoral al Doctor/a “G”, sin reparar en gastos y en el lugar que su conciencia y/o rigor académico le guíe. El becario deberá hacer lo que considere más oportuno para su formación. Si lo desea, puede redactar una memoria-recordatorio, basándose en sus experiencias en la luna. Se le facilitarán los siguientes materiales: cheques en blanco; viajes gratuitos en todos los medios de transporte imaginables; alojamiento en los cinco continentes y alimentación afrodisíaca; por descontado seguro médico y sanitario. Después de tres años y tres meses haciendo lo que le dé la gana, se dará fin a la beca post-doctoral y se le facilitarán otras alternativas de estudio que lo re-integren verdaderamente en la sociedad de su tiempo”. Como el infierno se suele identificar con lo circular, retomemos otra enumeración caótica para cifrar esas “otras alternativas” que cita la beca: “zoofilia, pederastia, incesto, alcoholismo, drogadicción, sadomasoquismo, introducción de objetos, tortura, actitud blasfema, profanación de recintos sagrados, lluvia dorada, garrulidad, lunas de miel, coprofagia, vibradores, cleptomanía, auto-felación, siameses, resignación, misticismo, obesidad y anorexia, canibalismo, ruptura de pezones, urbanismo, contaminación, crueldad, filología, amputaciones, intercambio de fluidos con muertos y extraterrestres, penetración en paredes (con agujero o sin él), petardeo, crónica rosa y negra, egoísmo, violaciones, aborto, menstruación y embarazo, hemorroides, cáncer, fetichismo, escayola, lucha libre, sensiblería, depilación, silla eléctrica, nacionalismo, sida, matrimonio, hipocondría, catolicismo, alcahuetería, prostitución activa y pasiva, contrabando, divorcio, altruismo, amistad, video arte, taxis, carné de conducir, tiovivos, budismo, infidelidad, cambio de sexo, vampirismo, abogacía, tuberculosis, corrupción, flagelaciones, peste, maldades políticas, castidad, diario por internet y fotolog, esoterismo, dictadura, cómic manga y tangas, caprichos, pobreza, peluquería, bisutería, artisteo variado, manicura, podología, maquillaje, comunismo, consumismo, peronismo, pornografía, democracia, anarquía, libros, lencería, masonería, palabras malsonantes, alquimia, masturbación, enfermedad, obscenidades, enterramiento de vivos, poesis, asquerosidad, abusos, satanismo, televisión, paranoia, hambre, insomnio y asesinato”. Si todo esto no satisface, cuando el becario doble la edad de Cristo, puede proceder al suicidio o al comienzo de una nueva tesis.
Quizá lo verdaderamente malvado resida en la convención. O en prejuzgar a los demás, en tanto actividad jerárquica y falseadora. Acaso la bondad se oculte en la diferencia, en la indivi-dualidad arriesgada. Tal vez lo peor sea escribir un ensayo como éste, defendiendo los propios intereses a través de argumentos atractivos. En cualquier caso, una de las encomiendas fundamentales de la literatura consiste en contradecir los tópicos establecidos. Max Aub, en su Manuscrito cuervo (1947), revela no sólo que los cuervos poseen una fama injusta, sino que incluso su modus operandi queda dignificado en contraposición con el instinto gregario de los seres humanos. El chileno Enrique Lihn, frente a los textos de complacencia por el nacimiento de otro ser, confiesa su rubor y su sentimiento de culpa en el maravilloso poema “Monólogo del padre con su hijo de meses”
[1]. A menudo identificamos lo sencillo y elemental con lo bueno. Sin embargo, nada hay más fácil que quitar una vida ni nada más dificultoso que aprovecharla. ¿Por qué admiramos tanto a Batman, el superhéroe legendario que ignora la ley y emplea constantemente la violencia? En cierto modo, sus contradicciones nos parecen "sanas" porque pertenecen al universo de los anhelos. La bondad de sus acciones reside en su elegancia misteriosa, en el colmo de su satisfacción, en sus procedimientos originales, en su riesgo.